Fabricio Alvarado y el dedo imperativo de dios

Bryan Hernández

31 de Marzo de 2018

“Ruge ese monstruo: No hay nada en la tierra que esté por encima de mí;

yo soy el dedo imperativo de dios”.

 

Friedrich Nietzsche

 

“Aquí hay algo muy importante: esta campaña ya dejó de ser racional (…)

Así el argumento de la defensa de la democracia es el único recurso que nos queda para movilizar la emoción de la gente”

 

Kevin Casas / Fernando Sánchez

 

Nos encontramos a pocas horas del momento cumbre del circo electoral. En este punto sirve de muy poco argumentar que el trasfondo ideológico de la campaña de Fabricio Alvarado, “con las manos limpias” es enteramente biopolítico y tiende a presentar la idea de limpieza como garantía de orden. Y esta relación tiende a ser peligrosa, en cuanto que para el mantenimiento del orden que se propone es necesario la exclusión de todos aquellos que no encuadren dentro de sus cánones establecidos. En otras palabras, “el equilibrio social supone, tal como ocurre con el cuerpo, exclusiones y rechazos” (Vigarello, 2006: 151).

 

La “restauración” misma, se asocia directamente con la idea de limpieza en cuanto que ambas nociones están definidas a partir de lo inmunitario, es decir la contención y exclusión de todo aquello que se considera impuro, sucio, corrupto y que atenta contra el equilibrio social. Restaurar significa “Reparar, renovar o volver a poner algo en el estado o estimación que antes tenía”. Con esto, restauración nacional implica un retorno a una vieja y añeja unidad política definida a partir de valores y tradiciones nostálgicas, con la excusa de que esto evitará la descomposición social y la ruptura definitiva del orden. Su invitación a una “Costa Rica unida”, sin fisuras, sin diferencias, sólo puede referirse a una unidad que ha sido purgada de todos aquellos grupos y personas que no cumplan con los estándares de limpieza.

 

Este carácter inmunitario, se plasma en lo que definen como la ideología partidaria: “cristianismo social”. a la que consideran como UNA ideología para TODOS. Lo que implica una imposición de una serie de valores, cosmovisiones, prácticas, discursos, sin cuestionamiento alguno, y sin posibilidad de disidencia o pensamiento crítico y libre. Por el contrario, dicha propuesta se vale de inversiones ideológicas para ocultar su sentir totalitario, como se observa en sus principios: libertad, igualdad y solidaridad.

 

La libertad es expuesta desde su inverso, como negación real de la libertad y de la posibilidad de liberación. Se impone como aceptación de los valores cristianos definidos. Con esto, no sólo es libre quien guía su vida privada y pública según estos valores cristianos, sino también quien demuestra que no experimenta ninguna manifestación de lo que entienden por libertinaje, tanto en la esfera privada y pública. La libertad es negada en cuanto que se hace necesaria la constante vigilancia y la demostración de que no se es un agente desestabilizador.

 

Respecto a la igualdad, esta es relegada a la idea de que somos iguales ante la deidad, mas no ante la ley. La igualdad ante la idea de un dios, a pesar de nuestras individualidades únicas, a quien deberemos responder por nuestros actos en un supuesto juicio final. Pero eso no implica que tengamos los mismos derechos. La igualdad que promueven incluye excluyendo. Es decir, acepta la existencia de una otredad pero de segunda o tercera categoría. De ahí que afirmen que “la igualdad no es igualación” (PRN, 2018: 9). Igualación debe ser entendida como la acción de igualar. ¿Y qué significa igualar? La Real Academia Española la define como “hacer iguales a dos o más personas o cosas en cualidades o valor”, o bien “juzgar, estimar o tratar a dos o más personas de la misma manera o con la misma consideración”1.

 

Y, por último, la solidaridad, engloba a los principios anteriores. En el texto del plan se lee que “sólo puede haber un verdadero ejercicio cristiano de la libertad y la igualdad, por medio del fortalecimiento de la solidaridad” (PRN, 2018:10). Pero dicha solidaridad sólo es posible dentro de una unicidad excluyente. Utilizando la jerga schmittiana (para no decir nazi) de lo político, la solidaridad sólo es posible entre quienes han sido catalogados como amigos, es decir, quienes demuestran y aceptan la vigilancia estatal para constatar que se guían por los valores cristianos en su vida pública y privada. Y entre los ciudadanos de primera categoría. Para los demás, para quienes han sido catalogados como enemigos, lo que resta es la mano dura que reprime y combate bajo la excusa de la defensa de la limpieza y el orden.

 

Al llegar a este punto, para nosotros los convencidos, los que nos jactamos de ser los inteligentes, ya asumimos que lo que propone restauración nacional es fascismo puro y duro. No encontramos ninguna diferencia entre el cristianismo-social y el nacional-socialismo. Ya podemos apresurarnos a gritar ¡Heil Fabricio! Hemos descubierto el agua tibia.

 

El problema, pienso, no es Fabricio Alvarado, sino esa máquina totalitaria que han ido consolidando desde hace algunos años. Ese monstruo altanero que no reconoce nada por encima de sí, como le pensó Friedrich Nietzsche, que gusta proyectarse como el dedo imperativo de dios. Esa extremidad maquínica de represión y violencia. Hablo del Estado, esa terrible máquina que le entregaremos a un tipo sin autoridad ni capacidad de decisión, para que sea operada por quienes son realmente preocupantes: sus asesores y sus intereses.

 

Lo que está en juego es la utilización del aparato estatal para eliminar cualquier tipo de traba con tal de garantizar el libre acceso a recursos estratégicos, como sucedería con la minería. Y para la vigilancia de la población en general para evitar cualquier tipo de disidencia y resistencia al despojo. Porque debemos tener claro que los modelos económicos, en su mayoría de corte extractivista, que nos imponen van de la mano con modelos de seguridad que buscan custodiar y garantizar dicha extracción de recursos. A Costa Rica la han metido en una guerra a la que nunca debimos haber entrado. La guerra contra las drogas ha demostrado ser una estrategia fallida en el resto de América Latina y en los mismos Estados Unidos. Pero que sin embargo sirve de justificación para el fortalecimiento de los aparatos represivos del Estado, que tienden a ser usados para intimidar, vigilar, torturar, desaparecer y asesinar a activistas y miembros de movimientos sociales que resistan.

 

Es cierto que por nuestro carácter colonial (ya debemos olvidarnos de esas ideas de independencia, soberanía y democracia), quien sea elegido como country manager, no tendrá gran margen de acción, y su función real será la administración de la destrucción de Costa Rica. Es evidente que un triunfo de Fabricio Alvarado sólo puede significar la aceleración de dicha destrucción. Su abierta declaratoria de guerra contra todo lo que no se sume a la unidad política que propone, sólo radicalizará los procesos de desintegración social que hemos venido viviendo como resultado del fin de la Segunda República, agravada por la aprobación del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Esto en cuanto que una mano no se puede mantener limpia cuando se pone dura. ¿Asumirán las consecuencias quienes tendrán las manos llenas de sangre? Desde ahora debemos comenzar a señalarles.

 

Ante la posibilidad real de que personajes nefastos como quienes asesoran al insípido Fabricio Alvarado, la responsabilidad no cae exclusivamente en quienes votarán en favor de este candidato. Debemos dejar en este punto el profundo odio de clase vallecentrista y comprender que no es la ignorancia lo que los mueve a votar por él. Ellos también son víctimas de esta estrategia de asalto al poder. Ellos, al igual que nosotros, hemos sido bombardeados diariamente, por años, con campañas sucias y desinformación por parte de los medios de información, que son también armas de destrucción masiva.

 

Los medios de información fueron utilizados como armas para los tiempos del referendo del TLC en 2007. Fue gracias a estos medios que se aplicó sobre nosotros una terapia de shock para desarticular al variopinto movimiento social de resistencia al TLC. En aquellos momentos, en los que se hacía publico el famoso memorando del miedo, lo que estaba ahí plasmado no eran recomendaciones para ganar el referendo sino que hacia manifiesta la forma en la que se tenía que gobernar Costa Rica en adelante. El miedo se convirtió en el perfecto mecanismo de gestión de poblaciones y gracias a él los paisajes urbanos de nuestras ciudades recuerdan más a prisiones y campos de concentración que a un país que se jacta de ser libre, pacífico y democrático. Es el miedo el verdadero ganador de estas elecciones presidenciales. Y quien mejor administre las dosis de miedo, será quien consiga el título de Country Manager de la colonia más feliz del mundo. Los medios de desinformación son también nuestros enemigos al igual que el conjunto de asesores que rodean a Fabricio Alvarado.

 

Ante un contexto en el que ya no importan los argumentos, ni los razonamientos, ¿qué podemos hacer para detener la posibilidad real del asalto al poder por parte de este grupo? La respuesta ha dicha pregunta no se encuentra en una papeleta ni en unas urnas electorales. Ciertamente la respuesta tampoco está en Carlos Alvarado, aunque nos pensemos obligados de votar por él como mecanismo de ralentización de la debacle. Siempre hay otra salida, otra opción. Y aunque suene trillado, la opción está en la organización. Retomar las estructuras de los comités patrióticos se torna indispensable. Eran formas de organización popular que condensaban el malestar popular, hoy bajo el resguardo de las iglesias cristianas de garaje, que pululan por todo el país, en todos sus barrios.

 

A escasas horas para la terapia de shock que nos van a aplicar, como estrategia necesaria para adaptarnos a lo que seguirá a la ya muerta Segunda República, considero importante rescatar las palabras de Michel Focault, que nos servirán mejor para ganar aliados en todos los sectores, que catalogarles como ignorantes por no tener los privilegios educativos que tuvimos unos cuantos. Él decía, “hay que confiar además en la conciencia política de la gente. Cuando les dices “ Viven en un Estado fascista, y no lo saben”, saben que les mientes. Cuando se les dice: “ Las libertades nunca fueron tan limitadas ni estuvieron más amenazadas que hoy”, saben que no es verdad. Cuando se les dice: “Están naciendo los nuevos Hitler sin que ustedes se den cuenta”, saben que es falso. En cambio, si se les habla de su experiencia real, de la relación inquieta, ansiosa, que tienen con los mecanismos de seguridad -¿qué acarrea consigo, por ejemplo, una sociedad completamente medicalizada?, ¿qué se deriva, en cuanto efecto de poder, de los mecanismos de seguridad social que van a vigilarlos día tras día?-, en ese caso, entonces, lo aprecian muy bien, saben que no es fascismo sino algo nuevo” (Foucault, 2012:52-53).

 

Se torna necesario repensar nuestras estrategias de comunicación, cambiar algunas nociones ya añejas, y que su uso excesivo las han vaciado de contenido. Ante la posibilidad real del asalto al poder por parte del siniestro grupo que rodea a Fabricio Alvarado, debemos asumir la tarea, nuevamente, de educar en resistencia. Desde la horizontalidad, fuera de los palacios del conocimiento, de nuestras zonas de confort. Fuera del valle central, físico e ideológico, en cada barrio, en cada pequeña reunión de amigos, desde la clandestinidad, si es necesario. Esto, no exclusivamente para evitar que este nefasto personaje y sus asesores asuman el poder, sino para resistir a esa República del Miedo que se quiere erigir sobre nosotros, para destruir al país y despojarnos de sus recursos.

 

La destrucción de Costa Rica avanza imparablemente en medio de un mundo que se hunde estrepitosamente. Nos encontramos en los albores de una catástrofe humanitaria nunca imaginada en el país que se publicita como el más feliz del mundo. La posibilidad real de que el aparato represor del Estado quede en manos no tanto del insípido cantante evangélico y su charlatán apóstol paratemblores, sino en el grupo de asesores, que han estado detrás del hundimiento económico del país, desde tiempos del TLC. Ellos son los verdaderos responsables de esta debacle, no necesariamente el PAC. Ni de qué hablar de los asesores para el tema de seguridad, quienes desde 2009 han sido los artífices de la consolidación de un Estado policial represivo en Costa Rica.

 

Es cierto que la solución a esta situación no la tienen ninguno de los candidatos a la presidencia. En realidad esa no es su función, ellos sólo están siendo designados como administradores para gestionar el avance de esa destrucción de nuestra colonia. Lo cierto es que ante este contexto, la opción no está en votar por Carlos Alvarado, ni en votar en blanco, o nulo, o definitivamente no votar. La estrategia que debemos analizar es la organización social. Y dentro del marco de esta estrategia es que podemos pensar en votar por Carlos Alvarado como medida ralentizante. Es decir, nos permitirá tener más tiempo para organizarnos, para prepararnos y propagarnos, como un virus, para resistir al nuevo contexto de Costa Rica y el mundo. Las manos limpias, es una estrategia anti-bacterial, por así decirlo, que busca una unidad política purgada de cualquier vestigio de disidencia y diferencia. Esas manos terminarán machándose con nuestra sangre. Es una abierta declaratoria de guerra contra todos nosotros. Y Necesitamos tiempo para encontrarnos nuevamente.

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