Anarquistas en la revolución rusa. Una hipótesis y algunas conclusiones

Juan Manuel Ferrario

29 de Marzo de 2017

La hipótesis a plantear es la siguiente: La Revolución no es compatible con el Estado porque cuando triunfa el nuevo Estado la Revolución se va muriendo. Para que el Estado revolucionario logre imponerse, la Revolución debe subordinarse a él, y las revoluciones no la hacen los partidos o los hombres de Estado sino las grandes masas, que serán reprimidas por el nuevo Estado en caso de que no acuerden con él, del mismo modo que el nuevo partido en el poder era reprimido cuando luchaba por su conquista.

 

Es interesante ver cómo en 1923 Luigi Fabbri previó casi con perfección, todo lo que iba a pasar en Rusia luego; parece adelantarse al surgimiento del stalinismo. De todos modos habían pasado ya dos años de los sucesos de Kronstadt, y analizando esa masacre era previsible que si «la gloria de la revolución» era salvajemente reprimida, cabía esperar algo mucho peor para todo el resto de la población rusa.

 

Conclusiones

 

Finalmente, creo que queda claro que un grupo o partido puede tener un discurso o una ideología muy progresista, pero que al llegar al poder empieza a olvidarse de sus principios y rápidamente lo revolucionario va dejando lugar a lo reaccionario. El movimiento se convierte en algo estático, y quien se rebela ante el nuevo orden pasa a ser un «contrarrevolucionario». Queda claro aquí que no hay nada mas derechista que los izquierdistas reprimiendo a los anarquistas. Por lo analizado en estos casos creo que Estado y Revolución no pueden convivir, para que uno de los dos triunfe es necesario que el opuesto muera. Por otra parte se puede hablar de «dictadura del proletariado», «gobierno de los trabajadores» y demás, pero sabemos que quien gobierna no trabaja, y quien trabaja no gobierna, que si no hay cambios permanentes de roles se genera una burocracia-parásita y la Revolución se muere. El socialismo no puede existir si los mismos espacios de poder no están socializados, si todo el poder es un monopolio del Estado centralizado, de un partido, de una vanguardia o de un líder. En el caso ruso podemos observar cómo los soviets de obreros, soldados y campesinos, pronto se convirtieron en soviets de dirigentes bolcheviques, pronto pasaría lo mismo con los sindicatos y otros espacios de poder. Hay que recordar que la estatización de los sindicatos, la borucratización y copamiento de los soviets, la militarización de las fábricas, el genocidio político y la persecución y matanza de opositores, junto a la aplicación del taylorismo explotador en las fábricas tomado del modelo norteamericano; el ejército y las levas obligatorias sumados al hambre y la miseria de millones de seres humanos a causa de la requisa autoritaria y violenta de granos y productos agrícolas, como así también la incorporación de altos jerarcas militares ex zaristas al Ejército Rojo, es decir toda esa gama de síntomas para nada revolucionarios, ya se daban entre 1918 y 1921 con Lenin y Trotsky a la cabeza, mucho antes de Stalin. Lo que hizo Stalin fue aumentar las cifras de las atrocidades cometidas por los otros dos líderes bolcheviques. Los métodos de Stalin no eran desconocidos en Rusia, al contrario, eran moneda corriente. Estos eran los líderes «revolucionarios», estos eran los «defensores» de la clase trabajadora, estos eran el «cambio» para el mundo. Habría que empezar a analizar seriamente quiénes eran en realidad los verdaderos «contrarrevolucionarios y burgueses al servicio del capital».

 

Por otra parte: ¿Qué hubiera pasado si el resto de Rusia se plegaba al levantamiento de Kronstadt? ¿Hasta donde podría haber llegado la Revolución si se la dejaba ser? ¿Por qué el resto de Rusia no se plegó a Kronstadt? La respuesta es sencilla: el nuevo Estado bolchevique al llegar al poder, fue adueñándose de los medios de comunicación, por entonces los más usados eran la radio y el periódico. Hay que tener en cuenta que los bolcheviques monopolizaron los medios de comunicación y prohibieron y persiguieron a los periódicos opositores. A través de estos medios el nuevo Estado fue desinformando a la población al punto de que la información que llegaba a Moscú y otras ciudades era falsa, y en muchas ciudades se enteraron de las matanzas de Kronstadt meses después de haber ocurrido las mismas. Además, durante el período que va de 1918 a 1921, la incomunicación entre las ciudades era casi total debido a la destrucción de puentes, rutas y caminos. Era muy difícil trasladarse a ciudades vecinas. Además, el grueso de las revueltas contra los bolcheviques se estaban dando durante 1921, en Petrogrado, Moscú y la Siberia, lugares que sufrieron también la represión bolchevique. Los marineros de Kronstadt esperaban que estas ciudades se plegaran a ellos tras su levantamiento, pero al producirse el mismo las demás revueltas ya habían sido sofocadas y no estaban conectadas entre sí. Por eso el resto de Rusia no se sumó a la comuna de Kronstadt. Por lo demás, queda claro que si la Revolución Rusa sobrevivía, y se la dejaba ser, las posibilidades de cambios hubieran sido infinitas. El impacto de la Revolución Rusa en el mundo fue enorme, y enormes eran las expectativas. Si Rusia cambiaba muchos lugares mas podrían haberse contagiado.

 

Por ello hay que alertar a los ilusos que actualmente esperan revoluciones o cambios por parte de partidos de las siglas más diversas pero con fines similares, que aún hoy reivindican a genocidas de obreros y campesinos como Lenin, Trotsky o Stalin, que critican a genocidas como Videla (que encabezó la matanza y desaparición de 30.000 personas bajo la última dictadura en Argentina, entre otras barbaridades) pero reivindican a genocidas como Trotsky que mató a mas gente que el detestable militar argentino, y no hablamos de matanzas de burgueses o curas cómplices, sino de matanzas de obreros y campesinos en nombre del socialismo, justificando sus cazas de opositores como «un error», cuando atrás de ese error hay en realidad un muerto, y miles de errores que costaron miles de vidas. Hay que recordar siempre estas matanzas, más allá de los años que pasaron, ya que con ese argumento de que son cosas del pasado entonces tendríamos que olvidar a los Videlas, a los Hitlers y los millones de judíos asesinados, a los millones de indígenas que mató la Iglesia Católica en América y la lista sería infinita.

 

Si hablamos de recuperar la memoria, que se recupere toda la memoria y no solo las cosas «que no perjudiquen al Partido». Por otra parte tampoco hay que olvidar que, entre quienes actualmente hablan de la libertad de los presos políticos en Argentina, están los que justifican los presos políticos en las cárceles cubanas, donde aún hoy hay cientos de anarquistas presos que en este mismo momento se están pudriendo entre sus paredes. Como también se pudrieron en Rusia o en China bajo regímenes llamados «comunistas». Esos izquierdistas están contra éste o aquél gobierno, contra este ejército o contra ésta policía, no contra todo gobierno, contra todo ejército o contra toda policía. No se dan cuenta de que el problema es el Estado, la autoridad. Ellos quieren su propia policía, su propio ejército, y sus propias cárceles, aunque le pongan el color rojo detrás.

 

También si es posible quieren su propia ESMA, como la tuvieron Lenin, Trotsky y Stalin en sus respectivos campos de concentración. Basta pensar en qué sería de nosotros si alguno de estos tantos actuales partidos de izquierda tuviera mañana el tan ansiado poder que buscan tomar hoy. Cualquier crítica a su autoritarismo sería tildada de «influencia pequeñoburguesa o contrarrevolucionaria bancada por el imperialismo yanqui» y este folleto que está en sus manos sería quemado, su autor apresado por la futura policía roja junto a amigos, familiares y simpatizantes, por las dudas. Todavía puede oírse a algún que otro trotskista lamentarse de que en Argentina ya no exista mas el servicio militar obligatorio, ya que en su lógica autoritaria el trotskista, considera que el servicio militar era una buena posibilidad para que el pueblo conozca el manejo de las armas y liberarse el día de la Revolución, como si la auto liberación debiera basarse en la imposición, ejemplo de una mentalidad jesuítica que justificó el servicio militar obligatorio durante la Revolución Rusa, tratando de obligar al campesino a sumarse a un «ejército liberador» que en realidad no tenía nada de tal y que en caso de negarse ese mismo «ejército liberador», lo fusilaba. Manera peculiar de «liberar» al oprimido.

 

Todo lo que contamos en estas páginas es lo que hicieron quienes se llenaron la boca hablando de plusvalía, obreros y socialismo, pero que sólo buscaban el poder. Y todo lo que hicieron en el pasado, lo volverán a hacer en caso de tener la posibilidad, quienes aún hoy reivindican a estos maquiavélicos rojos, porque no critican al poder en sí, sino que lo critican porque aún no está en sus manos, y cuando lo tengan dejarán de criticarlo, para conservarlo sin que se les vaya de las manos, como buenos conservadores que son.

 

Finalmente, la conclusión mas importante es que las revoluciones se hacen de abajo, o no son revoluciones, que la Revolución no es obra de vanguardias iluminadas, ni partidos, ni líderes. En las revoluciones actúan múltiples sectores, y todos deben tener la misma posibilidad de tomar decisiones. Estas no pueden ser monopolio de un partido. Un gobierno puede ser derrocado por otro que se atribuye el mote de revolucionario, este «gobierno obrero y campesino» puede requisar a la fuerza a campesinos y militarizar las fábricas, puede matar miles de obreros y miles de campesinos en su nombre. Un ejército puede cambiar de uniforme y agregarse el color rojo, y sumar a sus filas a represores de renombre. Se puede hacer eso y mucho mas en nombre de los ideales y la fraseología mas abstracta, pero si la Revolución y la posibilidad de cambio permanente no es un fin en sí mismo, no hay cambio alguno, solo parodias. Sino se es socialista en el plano de la práctica cotidiana y de lo concreto, el socialismo nunca llegará. Si el poder no está socializado, el socialismo es una mentira. El nuevo Estado puede tomar el poder y reprimir a todos los que no acuerden con él, pero por favor, entonces ya no hablemos de Revolución.

 

[Párrafos finales del texto "La matanza de anarquistas en la revolución rusa", accesible en http://naskhad.blogspot.com/2016/08/la-matanza-de-anarquistas-en-la.html.]

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