Un comienzo seductor

Alfonso Márquez | El blasfemo simoníaco

En estas pocas líneas que hoy comienzo, habré de contarles historias perversas, seductoras, llenas de lujuria y pasión, historias no aptas para los oídos y espíritus sensibles y conste que lo advierto, pues hablaré del mundo, de la vida y de la muerte, del desenfreno y del poder.

 

Hablaré de la fe, de las religiones, de las creencias más profundas del ser humano. Hablaré de esos espíritus que taladran la mente con miedos ridículos, de dioses celosos y perversos.

 

Espero llenar sus cabezas de las más oscuras acciones que el ser humano ha logrado desde hace varios siglos. La blasfemia será parte de mi decoroso intento por hacerles reír y asombrarse. Y si de asombros se trata, quisiera contarles de algo que hace poco me enteré, un pequeño entremés solo para comenzar mi humilde participación en este pequeño blog que EquipoCritica. org me empieza a ofrecer desde unas latitudes distantes.

 

Pues nada. Que va uno investigando temas jocosos y que voy constatando que el perverso Benedicto XVI bautizó con el título de "venerable" al también perverso fascista Pío XII. Quizás más de uno conocía esta perversión pero vale, dadme el beneficio de la ignorancia, que para mí ha sido una novedad. Y continúo.

 

Cuando este Pío le daba palmaditas en el cachete o le pellizcaba las nalgas a Hitler, el Benedicto era un púber lleno de calentura dentro de las Juventudes Hitlerianas. Así que este "venerable" título pareciera más una forma de recordarle un papa perverso al otro, con el cariño y el honor que pueden tener dos amantes que retozaron con el nazifascismo allá por los años treinta y cuarenta del siglo XX, que ambos son hijos de la misma podredumbre humana.

 

Esto solo era una pequeña introducción. Les espero con más seductoras, bochornosas y suculentas heregías y blasfemias en una próxima entrega.

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