El blasfemo simoniaco

Historia de un tico: mi vida en una telenovela

La vida del tico promedio es tan superficial que hasta parece un refrito de telenovela mexicana, al peor estilo y calaña de un Juan Osorio, con la veldadela Niurka Marcos incluida. Es una triste patraña que se envuelve entre la más increíble ficción surrealista, hasta una cruda verdad cotidiana.

 

Esta es la Costa Rica de la selección del Keylor de los Keylor pero sin Keylor Navas. Una selección que empieza a romper las ilusiones y fantasías más enloquecedoras de los ticos apasionados del fútbol. Una que empieza a lamentarse porque el Pinto ya no acompaña la mesa de la victoria o porque el Divino Keylor no quiere hacer los milagros necesarios, aunque la prensa siga hablando de sus pedos como el mayor acto religioso diario.

 

Por otro lado, la historia del héroe nacional Gerardo Cruz, que pareciera desmoronarse a pedacitos. El tico promedio, que no tiene esperanzas de nada más que en los jugadores de la Sele, en El Chamuko o en Ignacio Santos, se creó la figura del justiciero que murió en el martirio por defender a las mujeres, aunque fueron dos de estas las que le dieron muerte. Todo lo desatado posteriormente aterrizó a los ticos, les recordó que Gerardo era un ser humano ordinario, un hombre común y corriente, un mortal. La historia del finado se ha convertido en una trama increíble donde figuran la esposa y la hija de Osvaldo Valerín (histriónico personaje de la televisión nacional ya fallecido).

 

¿Hasta qué punto no se parecen estos circos mediáticos al famoso Show de Truman? Quizás esta es la vida nuestra sin darnos cuenta, viviendo de episodio en episodio, guardando la postura y la respiración hasta volver de los comerciales.

 

La vida del tico promedio es la novela eterna, sumida en la vacía, superficil y ficticia vida de la televisión donde, hasta lo que parece más creíble como los noticieros, se convierte todo en una vulgar mercancía, en un espectáculo morboso y en un suculento alimento para bobos.

 

A más de un columnista o editorialista de cierto periódico, noticiero o programa de opinión, cuando hablan de estancamiento del desarrollo, deberían cuestionarse hasta qué punto tiene más impacto en ello un bruto novelero tico o una manifestación popular. Por eso vivimos en la Costa Rica del absurdo, del doblemoralismo, de la cerrazón mental, en resumen, del alfabeta embrutecido por la chatarra que consume, en todos los sentidos.

Paolo Márquez Alvarado

Escritor y condenado

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