Sumak Kawsay

Repensar la sexualidad en la sociedad capitalista

Repensar la sexualidad en la sociedad capitalista es un intento de contextualizar lo que en tiempos modernos representan temas tan polémicos como el sexo y la sexualidad.


La sexualidad ha tenido diferentes formas de manifestarse desde épocas primitivas. Recordar  aspectos relevantes de la historia de la sexualidad a través del tiempo en las distintas culturas es importante  para comprender cómo ha ido cambiando y cómo ha llegado a convertirse en un negocio en la sociedad  patriarcal - capitalista.


Según las épocas y los momentos históricos, la sexualidad ha sido concebida de diversas formas. Si nos remontamos al Paleolítico, la autosuficiencia era igual en hombres y en mujeres, con una repartición similar entre todos los miembros del grupo. Existía cooperación. La educación de las crías era asumida por el grupo. Apenas era conocida la paternidad; las relaciones sexuales no eran controladas por la comunidad y el único parentesco conocido era la maternidad. Las hembras copulaban con varios machos y no se conocía la relación entre coito y embarazo.


En ese entonces se valoraba a la mujer, su posición en la tribu, sus capacidades y decisiones. Su importancia y valor era asociado a la Madre Tierra como productora de todo lo que da vida. Sin embargo, este valor hacia la mujer no dura por siempre y con ello el inicio del patriarcado se cambia del matrimonio por grupos al matrimonio por parejas, el hombre es reconocido como padre de los hijos y la mujer y los hijos pasan a ser parte de su propiedad.


Mucho tiempo después, en la época clásica, los griegos dieron gran importancia al desarrollo pleno de la sexualidad, pero siempre desde el reconocimiento de una sexualidad que ha trascendido hasta hoy en día y que es básicamente la de los varones, considerados ciudadanos. Los hombres entraban en contacto con el sexo muy temprano, esas iniciaciones eróticas y amatorias solían ser homosexuales y no eran castigadas como en la Edad Media o incluso en la actualidad.


Mucho tiempo después, en la Edad Media, la iglesia refuerza su poder político, se legaliza el matrimonio monógamo y se declara al instinto sexual como algo pecaminoso. Así, trató de difundir el temor al cuerpo y  la represión de todo tipo. En el tiempo del oscurantismo, el cuerpo y las relaciones sexuales eran considerados pecaminosas si estas no se realizaban con fines reproductivos,  surge una clara oposición a que se limite la natalidad.


En la actualidad, la sexualidad sigue manteniendo algunos resabios e ideas infundadas por las religiones y en estas ideas se han basado para convertir a la sexualidad en lo que la sociedad patriarcal-capitalista necesita y reproduce, así como los planteamientos científicos que determinan a la sexualidad en términos de los órganos reproductores masculino y femenino, pene-vagina, relación coital-reproducción. Ambos planteamientos han sido necesarios para la reproducción de una sociedad que necesita  al ser humano como medio para obtener ganancias.


El sistema patriarcal y capitalista, lleva años metiéndose con los cuerpos de hombres y mujeres, se ha encargado de seguir distorsionando la sexualidad y  convirtiéndola en un negocio redondo. Los cuerpos, según estándares de belleza, son mostrados en las grandes vitrinas, en los medios de comunicación y hasta en las redes sociales. La pornografía, uno de los negocios más lucrativos, se ha convertido en el anzuelo capaz de lograr la explotación de los más vulnerables. Descarta la posibilidad de las relaciones humanas, las emociones, el deseo, el pensar en el otro y la equidad entre las personas.


El negocio con los cuerpos, la trata y explotación sexual, se han convertido en  la nueva esclavitud. En este sistema en el que abundan las desigualdades, las grandes mayorías se han convertido en los focos de explotación, miles de niños, niñas, jóvenes en situaciones de vulnerabilidad y pobreza, son la carnada para aumentar las montañas de dinero que muchos acumulan a costa de ellos.


Los libros, la música, las películas, anuncios, son parte de los actuales medios  que pretenden mostrar una sexualidad desde el dominio y control de unos por otros. El hombre desde su posición social y económica; y el físico como carta de presentación, determina la vida sexual de sus mujeres y el placer propio. En el caso de las mujeres siguen reproduciendo a partir de su cuerpo el estándar de belleza, el rol que deben asumir en esta sociedad para la satisfacción del otro.   Esto representa en la casa, y en muchas parejas, una sexualidad que se basa en la reproducción de dichos modelos de control y los roles asignados determinan en la mayoría de los casos quien obtiene placer y a quien se le asigna darlo.


El cuerpo se ha convertido en un objeto, las redes sociales y de comunicación se han encargado de trasmitir una sexualidad distorsionada y las instituciones educativas siguen rezagadas en tratar abiertamente los múltiples temas que abarca la sexualidad. Los embarazos, las enfermedades de trasmisión sexual y  las disfunciones sexuales son cosa de todos los días. La sexualidad en los jóvenes se sigue dando desde ideas erróneas, mitos, donde el cuerpo del otro y lo que se obtenga de este es la prioridad, ver al otro como mi fuente de placer.


El capitalismo hace de cualquier objeto, persona, situación su negocio. Obtiene ganancias y junto con la industria de la violencia, muestran de forma casi natural  el acoso sexual, la violación, degradación o asesinato de niñas y mujeres. Muchos jóvenes buscan nuevas oportunidades de vida, sobrevivir ante las injusticias de sus realidades y desgraciadamente lo que se encuentran es explotación de sus cuerpos y la dignidad de su vida queda pisoteada por  intereses económicos de sus explotadores.


De esta forma, resulta difícil tanto para hombres como para mujeres apropiarse de su cuerpo, tomar sus decisiones desde la información real y con sentido crítico, cuestionando el sistema que pretende apoderarse de sus vidas, de su intimidad y de sus cuerpos. El repensar la sexualidad implica darnos cuenta que,  si seguimos bajo este sistema explotador capitalista, la sexualidad entre los seres humanos seguirá siendo vista como la posibilidad de obtener la ganancia y el placer a partir del cuerpo del otro.

Katherine Cerdas Bonilla

Educadora y Psicóloga

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