Contingencia y Cambio Radical

Trapos Rojos

La verdad detrás del golpe de estado en Venezuela

La estanflación que vive la colectividad venezolana actualmente y que se manifiesta en el exorbitante numero de un 49% en el último semestre, sumando a varias devaluaciones del bolívar de un 60%,  indica el momento o coyuntura económica en que, dentro de una situación inflacionaria, se produce un estancamiento de la economía y el ritmo de la inflación no cede. Este cuadro de constricción económica que se traduce en un alto costo de la vida, salarios paupérrimos y mayor pobreza, tiene dos cómplices necesarios (la boliburguesia y los bolichicos) y un gran culpable, el estado venezolano y sus órganos de coacción.

 

Los llamados boliburgueses, es la nueva clase social que nació en revolución, poseen fortunas que no pueden justificar. Su apoyo incondicional al proceso bolivariano les ha permitido ocupar altos cargos en el gobierno; son sus contratistas favoritos y sus más acérrimos defensores, el cambio de mando que se generó con el rechazo de FEDECAMARAS y la burguesía tradicional al proceso los llevó a remplazar a estos últimos, por lo cual son los detentadores del poder económico y político actual en Venezuela.

 

Mientras que los bolichicos, por su parte, son jóvenes que no superan los 35 años de edad, de refinados gustos, provienen de familias adineradas, estudiaron en los mejores colegios y universidades del país y se desenvuelven en la alta sociedad. Al parecer, sus buenos contactos con el gobierno permitieron que la compañía de estos personajes fuese beneficiada en la contratación, a pesar de haber sido recién constituida y no contar con mayor experiencia, en un área neurálgica para la nación como es el sistema eléctrico. Lamentablemente, el desempeño de estos emprendedores ha estado rodeado de sobornos, enriquecimiento ilícito y sobreprecios.

 

Todos ellos a través del sistema cambiario y de control de divisa se han beneficiado de la permuta de dólares y del mercado negro que dicen combatir, amasando fortunas en las importaciones de alimentos, equipos médicos, turbinas eléctricas, equipos petroleros, y muchos rubros más. Todos ellos invertidos en la banca comercial y las compañías aseguradoras, como Seguros la Vitalicia, que es la más significativa de ellas.

 

Todo este derroche de lujo y dinero, genero la trabazón económica y de escasez de productos y servicios que estamos viviendo, dejándonos en la crisis económica más importante que experimentamos en los últimos 30 años.

 

Como era de esperarse esta crisis inherente al sistema, ha generado una ola de descontento dentro de la población que se ha manifestado en un incremento de la protesta popular y en acciones de lucha callejera, cuya ola fueron los meses de febrero, marzo y abril de 2014; aunado a la política de injerencia de la administración de Barack Obama y el eterno fantasma del golpe militar para buscar salidas a la actual encrucijada. 

 

El Ejército Bolivariano, el gran baluarte del proceso


Los orígenes de la institución castrense en Venezuela se remontan al proceso secesionista protagonizado por la burguesía colonial contra la monarquía católica en el siglo XIX, donde no solo hicieron frente a los españoles sino también al proceso de Guerra Social que se escenificó en la región de los Llanos durante el año 1814. Con la instauración de la República, el poder militar siempre fue un factor determinante en el devenir de la política nacional; tal y como lo demostró la montonera que expulsó de la primera magistratura al Dr. José María Vargas o el golpe de estado de 1948.

 

El advenimiento en 1958 de la República Liberal Democrática, relegó de los cargos administrativos al personal militar, el cual asumió -solo por conveniencia- la postura de ser garante del proceso bipartidista que se generó desde esa fecha hasta 1999. Las reacciones militaristas de 1992, aceleró un proceso de descomposición de la elección representativa que permitió el ascenso al poder del Teniente Coronel Hugo Chávez y con él, se reavivó dentro de la comunidad la necesidad del “hombre fuerte” o del “gendarme necesario” que podría estabilizar la ruptura institucional que se generó en el país durante el Caracazo.

 

El hecho de ser un hombre con mando de tropa, haber sido educador en la Academia Militar y poseedor de un carisma incuestionable, le permitió a Hugo Chávez rescatar a la institución castrense, dotándola de armamento, beneficios y créditos que le permitió ganar su aval para continuar en el poder después de los sucesos de abril de 2002.

 

Actualmente, el tren ministerial de Nicolás Maduro está compuesto en su mayoría por militares de alto rango, así como la jefatura de gran parte de la administración pública. Hoy en día, los militares en Venezuela cuentan con un canal de televisión, banco y beneficios que difícilmente hacen suponer que exista un malestar generalizado dentro de las fuerzas armadas que permita generar un cuartelazo.

 

La injerencia americana y los “golpes desmontados”


El pasado 09 de marzo, el gobierno de los Estados Unidos utiliza la excusa de los derechos humanos para castigar a funcionarios de un régimen que le resulta diplomáticamente incómodo, mientras al mismo tiempo restablece relaciones con el gobierno de Cuba; siendo ambas jugadas casi simultáneas en tanto se busca complacer a distintos factores de poder interno en los Estados Unidos. Las sanciones motivaron la respuesta oficial venezolana, exigiendo visado para todas las personas de origen norteamericano con intenciones de visitar el país (como antes Brasil y Bolivia lo establecieron) y la prohibición de entrada a algunos funcionarios norteamericanos. La réplica de la administración Obama fue sobredimensionada: Declarar a Venezuela como “una inusual y extraordinaria amenaza a la Seguridad Nacional y a la política exterior de los Estados Unidos”, activando mecanismos previstos en la llamada Ley de Emergencia Internacional de Poderes Económicos, mediante la cual el presidente puede imponer sanciones de tipo económico sin la aprobación del Congreso. En años recientes, Estados Unidos ha calificado de manera similar a Irán, Birmania, Sudán, Rusia, Zimbabue, Siria, Bielorrusia y Corea del Norte. Toda una hipérbole que ni el mismo Jefe de Estado norteamericano se la cree. Además, se anuncian sanciones a figuras medias del Estado venezolano soslayando a los más relevantes.

 

El gobierno y su aparato de propaganda nacional e internacional afirman que dicha medida constituye una “declaración de guerra” contra Venezuela y es la antesala de un “ataque militar norteamericano”, muy poco factible. Sin embargo, a pesar de este pronóstico alarmista, Miraflores no toma ninguna acción político-diplomática coherente con lo que pregona, como la ruptura de relaciones, el cierre de sus embajadas y consulados en territorio gringo, o la suspensión de los negocios bilaterales. Por su parte, el presidente Obama aclaró que no se interrumpirán los nexos comerciales, que es bien sabido y documentado lo amplios que son en el informe elaborado por Rafael Uzcategui: “Chevron: la conexión bolivariana” y en el libro “la revolución como espectáculo” del mismo autor.

 

Por lo cual, podemos ser testigos de excepción de como la administración bolivariana ha elaborado un enemigo externo para aglutinar a sus propias fuerzas, que se encuentran dispersas debido al desempeño poco sobresaliente de Nicolás Maduro en la primera magistratura. Todo esto reforzado por supuestos planes de golpe de estado que son francamente ridículos, no por su eventual posibilidad, si no por las pocas probables pruebas que los órganos jurisdiccionales y medios de comunicación presentan al público.  

 

Rompiendo la falsa polarización, avanzando hacia la autogestión generalizada


El actual nudo económico que asfixia a la sociedad venezolana producto del desfalco de la burguesía chavista, puede generar la posibilidad de una asonada militar a mediano plazo; esto queda de manifiesto cuando el ejército nacional, como gran beneficiado del proceso bolivariano, se vea en la obligación de garantizar sin saltos pero sin prisas, una transición del modelo de capitalismo de estado hacia una mayor apertura económica, en la cual puedan seguir detentando una cuota importante de bienes producto de las importaciones y de la renta petrolera.

 

Sea una asonada militar de elementos castrenses en sintonía con grupos de la oposición y gobiernos foráneos, o bien sea un reacción dentro de la oficialidad chavista que ve como el proyecto hegemónico se desmorona ante sus ojos, sea cual sea la forma y fondo que pueda tomar; como antiautoritarios, tal y como hicimos durante los sucesos del 4 de febrero y 27 de noviembre de 1992 y durante los sucesos de 11,12 y 13 de abril de 2002, debemos levantar nuestra airada voz de protesta y desobediencia ante cualquier golpe de estado que se pretenda realizar por alguno de los sectores en disputa.

 

A diferencia de la casta política del gobierno y de la oposición, somos conscientes que la solución a los problemas que aquejan a la población venezolana no pasa por falsas quimeras bélicas y elecciones presidenciales; sino por el ejercicio consciente desde abajo a través de la acción directa, que busque generar una nueva convivencia y desarrollo antropológico donde la libertad absoluta sea el eje medular de su existencia.

 

Agitación, autogestión, abstención, antimilitarismo, decrecimiento voluntario, Orden Natural de Libre Economía y Economía del Don, deben ser las únicas canteras en las cuales los libertarios y disidentes debemos afianzarnos para afrontar la actual coyuntura que atravesamos en esta región del Caribe. Ni injerencias extranjeras ni reciclaje en la burocracia bolivariana, la autogestión es la vía.

Rodolfo Montes de Oca

Abogado y Escritor

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