Sumak Kawsay

El machismo afecta a hombres y mujeres

Una mirada a una sociedad más equitativa y de real convivencia

En  la sociedad machista  en la que vivimos, ni hombres ni mujeres nos salvamos de la influencia del patriarcado, todos y todas estamos inmersos dentro de éste y sufrimos sus consecuencias. Sin embargo, en el caso de los hombres, el cuestionamiento de la asignación de sus  roles, funciones  y comportamientos ha sido menor al que se ha presentado en los últimos tiempos por parte de los movimientos feministas. Esto posiblemente se debe a ciertos privilegios que históricamente se les ha hecho  creer a los hombres que tienen o poseen.


Para comenzar a analizar profundamente cómo afecta el machismo a los miembros de sociedad, es importante recalcar la existente y marcada  desigualdad entre hombres y mujeres en cuanto a temas de derechos y oportunidades, así como la elevada exposición por parte de las mujeres al acoso callejero, político, laboral, sexual. Se sufre en mayor cantidad la violencia y maltrato en los diferentes ámbitos de la sociedad y los feminicidios son la máxima expresión de desprecio y odio hacia las mujeres.


En esta relación desigual, lo masculino se desprende del tener éxito y ser reconocido, lo femenino sería el servir y depender de los demás. La mujer es subvalorada y el hombre sobrevalorado, en tanto se exalta la competitividad, agresividad, dominación, fuerza física, poder y se infravalora el cuidado, la ternura y afectividad. La necesidad de probar la virilidad se caracteriza de la siguiente forma: la masculinidad es el repudio implacable de lo femenino, se mide por el poder, el éxito, la riqueza y la posición social. En nuestra sociedad lo masculino se presenta como el modelo único de la existencia humana y como forma de trasmisión ideológica de una generación a otra.


Sin embargo, a pesar de que el género masculino  es el privilegiado, no quiere decir que los estereotipos ofrecidos les ayuden a lograr la felicidad o, que bajo este esquema de relaciones de poder, puedan resolver los problemas o limitaciones del total de la población para lograr su bienestar y desarrollo. Por el contrario, ser del género masculino implica renunciar a la sensibilidad para mantener la dureza de carácter, tener una constante actitud de competencia con agresividad, estar siempre en guardia para defender lo propio. La realización de su identidad implica opresión sobre otras personas o grupos. De hecho, esta construcción no ofrece una alternativa real al desarrollo integral de las personas y de la sociedad, pues en la base está planteada la desigualdad.


Las presiones y exigencias a las que son expuestos los hombres, surgen a partir del poder y control que deben ejercer sobre sí mismos y sobre los demás. Si en el caso de las mujeres la presión social radica en los estándares de belleza y el cuidado de los otros, en el caso de los hombres surge a partir de ser el que controla todo a su alrededor. El hombre debe ser fuerte, valiente, estar siempre dispuesto, tener la razón, demostrar que es hombre por la cantidad de dinero y mujeres que posee, ser competitivo; características ideales para el tipo de sociedad en la que vivimos. En este caso se convierte en una presión para los hombres ya que si no cumplen con las características asignadas de “macho, fuerte, valiente” y asumen conductas o roles “femeninos”, están destinados al rechazo y burla por parte de los mismos varones, así como de las mujeres.


El reconocimiento por parte de grupos de hombres y mujeres de los factores opresores y destructivos de la construcción de la nueva masculinidad y feminidad, ha llevado a plantearse una revisión de la identidad; en el caso de los hombres, despojándose del armazón patriarcal que los limita, cuestionando sus roles y “privilegios”.


En los últimos años, algunos grupos de hombres han comenzado a investigar sobre el tema de la masculinidad, siendo este un tema que transita desde grupos interesados en la situación de la mujer que derivan a la preocupación acerca de qué sucede con los hombres. Es a mediados de la década de los años 70 que aparecen en Estado Unidos, los primeros grupos de estudio sobre hombres y masculinidad. En Costa Rica es a partir de los años 90, cuando se comienza a hacer la relación con estudios acerca de la violencia doméstica, no sólo con ofensores, sino con hombres de la población general.


Es de gran importancia el surgimiento de estos grupos de hombres y mujeres luchando por romper con las cadenas del patriarcado, cuestionando el modelo  de poder, control y desigualdad al que hemos sido sumergidos, así como sus  resultados negativos. Además, si queremos una sociedad diferente, equitativa  y más justa, no podemos imaginar cambios en la vida de las mujeres si estos no van acompañados de cambios tangibles y reales en la vida de los hombres.


Sólo de ésta forma, la equidad y real convivencia, se irán construyendo y reflejando, no sólo en cada país, sino también en los grupos, organizaciones,  trabajos, familias, en las personas y en cada relación humana.

Katherine Cerdas Bonilla

Educadora y Psicóloga

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