El resguardo de lo debatible

¿Un homosexual en la cruz?

Estados Unidos es un país bastante particular, con una realidad única y bastante compleja de entender. Un aspecto que retrata esta pesada obscuridad nacional histórica es sin duda el papel dual y cínico  que cumple en el tema de los Derechos Humanos: No escatima esfuerzos en tomar la posición de perseguidor y activar su armatoste inquisidor contra todo aquel que según sus propios parámetros, no esté respetando derechos humanos fundamentales, pero al mismo tiempo maneja dentro de sus límites geográficos (y fuera de ellos, ¿verdad Guantánamo?) situaciones que lesionan gravemente los derechos humanos más elementales, principalmente de minorías (por ejemplo, personas con orientación sexual diversa, afrodescendientes, y latinos), y que sencillamente ponen el país codo a codo con las naciones más criticadas en los famosos "informes sobre derechos humanos" esgrimidos por Washington. Se auto colocan en ridículo ante cualquier persona que use un poco de razonamiento sopesando circunstancias innegables.


Sin embargo, no podemos negar que la Justicia en el país del Tío Sam recién la semana pasada, se puso una flor en el ojal al garantizarle el derecho del matrimonio a parejas del mismo sexo en los 52 estados de la unión estadounidense. Esto significa que los estados en los cuales habían sido promulgadas leyes que prohibían el matrimonio entre parejas del mismo sexo (Principalmente los que componen el iluso, fanático y creacionista Cinturón Bíblico), ahora deberán tomar todas las acciones correspondientes para eliminar esas trabas y posibilitar a toda persona a casarse con la persona adulta que desee. ¡Auch!


A raíz de ese evento, y como era esperable, dada la ganancia que en derechos civiles significa el fallo para la comunidad LGBT, se desató una ola espectacular de celebraciones y homenajes alrededor del planeta. Se generalizó el uso de los colores del arcoíris en honor a la causa LGBT, lo cual se vio reflejado en la publicidad de muchas marcas comerciales, iluminación de lugares enigmáticos, marchas de apoyo y solidaridad en muchas ciudades y hasta en las fotos de perfil de Facebook se puede utilizar hoy un filtro con los colores del arco iris. En fin, el furor y la energía con que hemos visto que nuestras hermanas y hermanos de orientación sexual diversa celebran se manifiestan, y defienden sus derechos, han estado aún más presentes desde que se anunció la determinación de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos.


Tratando de desarrollar una lectura propia de la situación, y sobre todo de la dinámica que involucra ciertas formas de celebración y manifestación versus la reacción de personas creyentes cristianas (y en su mayoría detractores de la idea del matrimonio legalizado entre personas del mismo sexo) y algunas intolerantes, me sentí bastante curioso sobre unas imágenes en particular que han estado circulando en redes sociales. En ellas se ven personas, aparentemente parte de la comunidad LGBT, en poses y atuendos llamativos y evidentemente impregnados de una carga sexual, en actos propios de parejas, en posiciones y recreaciones comúnmente referidas al personaje central del cristianismo: Jesucristo. La percepción de mofa de muchas personas hacia personajes y símbolos centrales de sus creencias, explota de inmediato y la verdad es de esperar; sin embargo, creo que al asunto merece un poco más de malicia.


De momento, hagamos una pausa, estas son las imágenes en cuestión:

Muy bien, escudriñemos esta situación tratando de encontrar una explicación razonable que tal vez responda a una pesada inquietud: ¿Cuál es la verdadera razón, la causa de fondo, por la cual algunas personas creyentes se sienten ofendidas por estas imágenes?


Sin duda las mismas están cargadas de un pesado morbo, y sin dar un punto de vista sobre si fue buena idea o no hacerlas, yo creo que no hay que ser genio social para captar que la intención en las imágenes es moverle las entrañas a las y los creyentes (y que van contra la igualdad de derechos), para que entiendan que personas LGBT merecen el mismo trato que el resto de la sociedad.


He intentado recabar opiniones de personas que descubrieron con disgusto la existencia de estas imágenes, y no ha sido posible establecer un denominador común de opiniones, o alguna tendencia a aceptar una causa específica como la promotora de que algunas personas se sientan ofendidas. La mayoría de personas a quienes les consulté, ni siquiera han estado en posición de detallar claramente un por qué de la molestia, lo cual me genera aún más dudas y pienso: No se debe subestimar el poder del subconsciente.


El funcionamiento subconsciente de las personas es un área tan delicada y enmarañada, que ni siquiera las teorías más clásicas y aceptadas pueden alcanzar una predicción de 100%, y aquí es donde quiero llevar mi especulación: Muchísimas veces, los rasgos de algo o alguien que resultan molestos/desagradables para otras personas, se esconden tras la cortina de la subconsciencia, y aunque activan sensaciones o sentimientos no positivos, la mayor parte del tiempo terminan sin explicación certera y convincente (esto en función de que suceden a nivel subconsciente).  Un ejemplo al azar: La niña que vivió días felices dando paseos en bicicleta con su madre, en su etapa adulta muy probablemente tendrá una percepción sobre las bicicletas diferente a la del adulto que de niño sufrió un accidente en bicicleta que casi le cuesta la vida, y significó varias operaciones y estadías en un centro médico. Para esta segunda persona, cabe mucha posibilidad de que la sola mención de la palabra ‘bicicleta’ detone procesos internos, que aunque no haya consciencia de ellos, de inmediato generen malestar, tristeza, enojo, frustración, dolor, irritación, entre otros.


¿Qué estoy diciendo?


De la pequeña (y desprovista de cualquier rigor científico) investigación que realicé entre mis conocidas y conocidos creyentes en religiones cristianas, pude concluir que no existe claridad (al menos en general) sobre la razón exacta para sentimientos de desagrado hacia las imágenes en cuestión; ni siquiera pude detectar una tendencia que no fuera ambigüedad a la hora de desmenuzar las posibles razones que menciono. Bajo este escenario, y sabiendo que mis palabras no son más que una reflexión personal sobre lo que para mí causa esta molestia en creyentes cristianos ofendidos por estas imágenes, me atreveré a teorizar: Sencillamente, esas fotos de la manifestación LGBT les recuerda, a nivel subconsciente, que existe una alta posibilidad (aunque haya toda una maquinaria milenaria que se dedica a negar el mínimo resquicio de esa eventualidad) de que Jesús haya sido tan humano como cualquiera de nosotros. O sea, la figura central del cristianismo se podría ver hoy despojada de su condición de divinidad, deidad, superhombre, dios, ser superior.


Y creo que es natural la desazón: Aceptar en sus adentros que el símbolo cristiano máximo de castidad, buena conducta, vida sin pecado, y quien representa la razón principal por la cual aún “gozamos de la gracia de dios”, llanamente pudo haber sido tan heterosexual como homosexual, tan balanceado como bipolar, tan buen ciudadano como irresponsable, tan enfermizo como sano, tan mentiroso como persona honesta, tan buen amigo como hipócrita, tan constructivo como destructivo, debe suponer una sacudida de no menos de 8.5 grados en escala Richter de bases religiosas, teológicas, y espirituales; y sobra decir que sacudidas así, no son fáciles de manejar para nadie. En fin, ahí se las dejo, picandito en el área.

José Andrés Solano Espinoza

Educador

 

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