Reflexión Editorial

Cuando el Estado costarricense secuestra

José Solano

19 de Febrero de 2015

No es absurdo pensar en un Estado secuestrador. En mayor o menor medida es así en cualquier parte del mundo. Pero quizás sea difícil razonar esto en un pequeño terruño tropical como Costa Rica. Es mucho más difícil hacerlo en el idilio de país que se ha creado década tras década, no por el “labriego sencillo”, sino por la cúpula que ostenta el poder político, económico y social. El Estado costarricense no solo secuestra, también ha practicado el terror de manera concreta contra aquellos que considera sus enemigos.

 

La naturaleza del Estado (cualquier Estado), mientras se mantenga subordinado a un poder supremo, sea la dictadura o la democracia, responderá a los intereses de aquellos que se encuentran detrás de ese poder. Cualquier disidencia motiva la acción violenta del Estado. De esta manera, la guerra o el sacrificio humano, se convirtió, durante siglos, en el mecanismo de represión ante cualquier insatisfacción. Sin embargo, salvo la guerra, el desarrollo y evolución del pensamiento humano ha provocado que la religión vaya perdiendo terreno como represora psicológica. La ley es la que vino a sustituir la acción divina por la acción judicial. La prisión es el infierno para los infieles… al Estado.

 

El Estado costarricense ha secuestrado y asesinado en nombre de la defensa de sí mismo y de su sistema político. Los ejemplos sobran.

 

Viviana Gallardo Camacho

 

Viviana Gallardo fue secuestrada por el Estado costarricense el 12 de junio de 1981. Fue rehén durante unos quince días, hasta que fue ultimada por un verdugo del poder político de esa maquinaria estatal: el policía José Manuel Bolaños Quesada [1]. Sus aparatos judiciales dictaminaron su culpabilidad por la muerte de un oficial sin que existieran pruebas de ello. Viviana conducía el vehículo, mas es sabido que no le quitó la vida al agente policial. Ella formaba parte de un grupo conocido como “La Familia” [2], uno de tantos grupos guerrilleros, tan comunes, de la década de los setenta y ochenta. El caso se cerró con su muerte sin haber comenzado siquiera.

 

¿Pero qué insondables peligros guardaba una joven de dieciocho años para ser asesinada por una mano peluda? La historiografía costarricense sigue debiendo investigaciones sobre esta fatídica época de las páginas de la “historia patria”. Mientras tanto, la narración de los hechos seguirá siendo exclusividad de los pasquines pendencieros de La Nación, desde su rancia óptica ideológica, tan cercana a los grupos más radicales del fascismo criollo.

 

Cabría preguntarse pues, ¿cuál es la necedad de este diario para ceñirse contra una muchacha universitaria? [3] ¿Cuál es el interés de una de las familias más poderosas del país y que ha gobernado esta Suiza centroamericana por casi quinientos años, por despotricar, más de tres décadas después, contra esta joven? ¿Qué peligro real (no de la morfinómana cabeza de un editorialista) guardaba Viviana Gallardo para ser tan desdeñada por el diario que hace y deshace en este país? ¿Por qué no hablan entonces? Porque no tienen nada que decir. Porque esto simplemente fue un crimen político, perpetrado por el Estado costarricense, el cual secuestró y finiquitó a una joven idealista. Ese fue su pecado: tambalear los cimientos del poder político y económico, por pensar y actuar diferente.

 

Jairo Mora Sandoval

 

Jairo Mora Sandoval fue secuestrado por el Estado costarricense el 30 de mayo de 2013 y estuvo retenido hasta que sus captores a sueldo lo asesinaron cobardemente una noche que hacía su ronda en defensa de las tortugas de Moín. Su crimen fue proteger tortugas. Su error: creer que sus captores y asesinos (incluidos los cómplices), que ocupan puestos de “poder” y “autoridad”, lo iban a ayudar [4].

 

Donde Jairo patrullaba, es donde hoy se están perpetrando los grandes negocios del poder económico costarricense, mismo que controla la institucionalidad estatal. Como bien lo afirma Figuerola, el lugar donde la maquinaria del Estado atacó a este joven “es donde se pretende construir la nueva terminal portuaria de contenedores de Moín (TCM) que el gobierno adjudicó a la empresa holandesa APM Terminals […] También en esta zona de Moín tiene su asiento la cuestionada refinería china” [5]. Pero esto ha sido abordado de forma más amplia previamente [6].

 

Sergio Rojas Ortiz

 

Sergio Rojas Ortiz, indígena bribri de la región de Salitre, fue secuestrado por el Estado costarricense el pasado 6 de noviembre de 2014 en lo que fue un desproporcional, violento e ilegítimo uso de represión policial, sumado a una humillante detención. Hasta el día de hoy, se mantiene como rehén, y sus secuestradores piden una recompensa de treinta millones de colones. Esta cantidad exorbitante es evidentemente impagable para una persona que ha pertenecido, históricamente, a un grupo marginado, olvidado y empobrecido por causa de sus captores.

 

Sin embargo, el secuestro fue la medida del Estado porque falló en su intento de asesinarlo [7]. Las razones por las cuales es perseguido, tiene relación con los grupos de interés económico y social presentes en la región de Buenos Aires (y probablemente otras zonas). Estos intereses radican en la ocupación de los territorios indígenas, desconociendo por completo la existencia de la legislación nacional e internacional que protege a los pueblos originarios y que el Estado, como creador de estas normativas, irrespeta de igual forma.

 

Pero no solo se trata de simples invasores no indígenas con el fin de obtener una propiedad fácilmente. Aquí también están en juego dos megaproyectos de gran envergadura para el poder político y económico: el Proyecto Hidroeléctrico Diquís y el aeropuerto internacional de la Zona Sur, que se ubicaría muy cerca de territorios tan sensibles como la península de Osa. Estos dos proyectos incluso trascienden las fronteras pues forman parte de los planes mesoamericanos como el Plan Puebla Panamá y ahora del Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico (TPP). Ni qué hablar de los otrora intereses relacionados con la extracción de metales pesados y minerales. Para estos grupos, los pueblos indígenas dificultan la consumación de estos proyectos porque se localizan precisamente en esos lugares.

 

Secuestrar a Sergio Rojas forma parte de la estrategia estatal: desmoralizar, dividir, cercenar liderazgos. Pero esto también es parte del engranaje sistémico: discriminación, racismo, indiferencia, olvido y marginación contra los pueblos indígenas. Para el FRENAPI (S. f.), esto ha comenzado con agresiones “a las familias dueñas del territorio, quemando sus casas y amenazando con armas a los vecinos /as, sin que a la fecha se haya hecho justicia sobre estos actos violentos e ilegales”, pero podría desencadenar en acciones más violentas que el mismo Estado permite y avala, sea por omisión o por comisión.

 

El secuestro, encarcelamiento, desaparición y muerte es el accionar del Estado. Los tres ejemplos anteriores solo son una manifestación de cómo el poder, ante las amenazas a sus intereses, perpetran este tipo de acciones, amparados en su enorme maquinaria estatal, con sus leyes e instituciones represoras. Su actuar es sutil o abiertamente explícito, y las voces que salen en defensa de sus acciones, y de todo su instrumental agresivo y violador, son simplemente cómplices por omisión, ignorancia o interés particular. Mientras tanto, quienes alzan el grito contra este Leviatán, deben ser convertidos en rehenes, desaparecidos o en muertos. En el mejor de los casos, este aparato represor los convierte en simples enemigos de la luz, la verdad, la democracia y el orden del poder del Estado. Negar la sumisión a este poder es meter la cabeza en la boca del cocodrilo.

 

Notas

 

[1] Delgado, David (2 de julio de 2011) Cabo Bolaños: ‘Cometí un delito, ajeno a mi voluntad’. En La Nación. Recuperado de: http://161.58.182.33/2011-07-02/Sucesos/cabo-bolanos---lsquo;cometi-un-delito,-ajeno-a-mi-voluntad-rsquo;.aspx

[2] Morera, David (20 de julio de 2011) El asesinato de Viviana Gallardo: memoria e impunidad. En Semanario Universidad. Recuperado de: http://www.semanariouniversidad.ucr.cr/component/content/article/1282-Opini%C3%B3n/4156-el-asesinato-de-viviana-gallardo-memoria-e-impunidad.html

[3] Sendas cuartillas han sido escritas por el periódico La Nación en contra de Viviana Gallardo. La saña de este este diario es memorable en su Editorial del 8 de julio de 2011 titulada: En Costa Rica sí es posible (http://www.nacion.com/opinion/editorial/Costa-Rica-posible_0_1206279437.html).

[4] Miranda, Hulda (1 de junio de 2013) Defensor de tortugas asesinado suplicó por patrullaje en Limón. En La Nación. Recuperado de: http://www.nacion.com/sucesos/Defensor-tortugas-asesinado-patrullaje-Limon_0_1345065502.html

[5] Figuerola, Juan (5 de junio de 2013) Las tortugas invisibles de Moín. En CRHoy. Recuperado de: http://www.crhoy.com/opinion-las-tortugas-invisibles-de-moin/

[6] Solano, José (28 de enero de 2015) Jairo Mora Sandoval y la escatológica ira. En EquipoCritica.org. Recuperado de: http://www.equipocritica.org/reflexion-editorial/editoriales-anteriores/jairo-mora-sandoval-y-la-escatologica-ira/

[7] FRENAPI (S. f.) Urgente: atentado contra la vida de dirigente indígena. En Kioscos Ambientales. Recuperado de: http://kioscosambientales.ucr.ac.cr/index.php?option=com_content&view=article&id=1498:urgente-atentado-contra-la-vida-de-dirigente-indigena-&catid=40:noticias-ambientales&Itemid=60

Comentarios: 0

  • loading