Dimensiones Pedagógicas de la Ética

Jonathan Barrera

El ministro de educación de nuestro país, don Leonardo Garnier, en la página web del MEP escribe Frente al miedo y la ignorancia, la educación, poniendo con esta frase un especial énfasis en un proceso transformador del ser humano, como lo es la educación, labor que los docentes llevan en sus manos como pilares y agentes de dicho proceso; en tiempos de cambio, debe ser la ética educativa el estandarte que acompañe a todos los educadores.

 

El docente actual se enfrenta a una sociedad que está plagada de violencia, drogas, pobreza, delincuencia y divisiones, quizás sean estos los “miedos” a los que el señor ministro se refiera, miedos que pueden y deben ser combatidos con el ejercicio de una ética orientada hacia los valores, la formación integral de la persona y el compromiso con la educación costarricense.

 

En toda profesión la ética es importante para el ejercicio de las labores, entendiendo ética como una disciplina racional y normativa que indica el correcto comportamiento de la persona, sus reglas, sus normas y las prohibiciones que regulan dicho comportamiento dentro de la sociedad, por lo tanto si lo que se quiere es luchar contra esos miedos que amenazan el equilibrio del sistema educativo de nuestro país, el docente debe vivir y practicar a plenitud la moral de sus valores para que estos ayuden a producir un cambio positivo en los discentes.

 

Es desde la educación donde se cambia a una sociedad. La ética del educador puede llegar a alcanzar dimensiones de privilegio si se quiere transformar la cultura de una sociedad para que ésta sea más justa, sin perder de vista el contexto religioso, político o sociocultural, ya que la ética no es algo aislado. Al transformar de manera positiva la cultura de los estudiantes, se está fortaleciendo también a la sociedad, pues ellos son el reflejo de ésta. Para ello se vuelve necesario que los y las docentes presenten un perfil visionario, basado en la dignidad humana y en la formación integral de valores.

 

Desde esta perspectiva, el o la docente debe ser un modelo a luz de la ética, cuyo actuar pedagógico manifieste un compromiso con la sociedad, pero también es necesario que los y las docentes muestren interés por combatir esos miedos, por transformar la sociedad, por ser verdaderos agentes de cambio en la educación costarricense.

 

Como parte del perfil ético que se requiere para que un docente actué con compromiso en esta tarea, se necesitan personas abiertas al diálogo, pues es la herramienta que provee también una apertura hacia la razón, así mismo, personas que practiquen y promuevan el amor a la verdad, el apego a la honestidad, la dedicación y la búsqueda de la justicia.

 

Se necesitan docentes con conciencia psicológica, es decir, capaces de volver sobre sus propios actos, que puedan ver atrás y reflexionen con la finalidad de mejorar. Docentes con vocación, pues es parte fundamental de la ética, ya que ésta es una exigencia del ser humano como tal; un profesional sin vocación es una persona sin compromiso social.

 

La sociedad costarricense será un reflejo de lo que sean sus maestros, si se quieren combatir antivalores como el egoísmo, el odio o la mentira, es necesario que los docentes a través del ejemplo o el testimonio potencien en sus estudiantes la responsabilidad social, sin necesidad de imponer las cosas.

 

Hoy en día luchar contra la cultura del postmodernismo no es una tarea fácil, pues el ambiente escolar cada vez se vuelve más difícil de comprender conforme avanzan los años. Una muestra de esto lo refleja la reciente necesidad del gobierno por confrontar la violencia de las aulas con propuestas de convivencia de valores, que al fin y al cabo serán proyectos que los mismos educadores ejecutarán en sus aulas de acuerdo al contexto de cada institución. Es por eso que se requiere compromiso por parte de los docentes, y que se identifiquen con la vivencia de dichos valores, para que puedan crear espacios propicios para la reflexión.

 

Es necesario que los educadores tengan siempre presente la bandera de la ética en la educación, para poder hacer frente a los desafíos de la actualidad con objetivismo, con responsabilidad, con dignidad, pues la ética lleva a la realización plena de la persona.

 

En el día a día, es posible observar como la moral de nuestra sociedad viene en detrimento de la dignidad humana, las relaciones entre las personas cada vez son más hostiles, se han perdido el diálogo en los hogares y la identidad cultural. Sin embargo, frente a este panorama los educadores no deben renunciar a su misión por transformar la sociedad, es necesario tomar esta tarea con optimismo y con mayor fuerza para así enfrentar otras crisis.

 

La problemática incrementa cuando se encuentra con educadores que no se comprometen con el proceso o peor aún, que no se preocupan por mejorar las relaciones humanas, de ahí nacen actitudes o antivalores en los estudiantes tales como el conformismo, la falta de puntualidad, la discriminación e incluso la violencia escolar debido a una mala praxis de la ética del docente, y esto no quiere decir que el educador sea un mal profesional, sino que es un profesional sin vocación, y quizás sea este el motivo de su falta de compromiso.

 

Por eso la ética educativa se debe basar en el respeto en todos sus ámbitos, el respeto al libre pensamiento, a la libertad de expresión, respeto a las costumbres de cada persona, es por ello que no se puede imponer el cambio, más bien se deben buscar espacios que permiten una reconstrucción de los valores, espacios que propicien el diálogo pues a través de éste se transforma a la persona y por ende a la sociedad.

 

Por otra parte, también es necesario que las y los educadores compartan sus criterios personales entorno a la ética a partir de sus experiencias de aula, esto con el fin de detectar cuáles son los factores que impiden vencer estos miedos, pues a pesar de que cada docente es responsable de encaminar su propia área, esto no se puede lograr si se desconoce el desempeño de los demás educadores, pues el proceso educativo funciona como un todo y se enriquece con la ética de cada persona.

 

Se sabe que son muchos los desafíos que enfrenta nuestro sistema educativo a pesar de los múltiples esfuerzos que se hacen por revertirlos, como parte de la solución es importante que los docentes se capaciten más en materia de ética profesional; es una utopía pretender que los educadores tengan toda la responsabilidad de mejorar la educación costarricense, cuando muchos de estos ejercen en condiciones de trabajo que son precarias.

 

Lo que si se puede lograr desde la docencia es reducir las brechas existentes, asumiendo al estudiante como agente gestor del cambio, por ejemplo inculcándole valores para la vida, involucrándolo responsablemente en la toma de decisiones de la institución, enseñándole el amor a la patria y a sus costumbres, poniendo énfasis en el trabajo en equipo y en la búsqueda del bien común de la sociedad, esto es ejercer bien la ética.

 

Puesto que en Costa Rica prevalece la moral católica, ya que es la religión del Estado, sería importante promover en las escuelas y colegios la vivencia de valores cristianos como son la solidaridad, la bondad, la paciencia y la tolerancia. Es necesario volver a rescatar también las costumbres de nuestro pueblo, sus valores y tradiciones. Promover en las aulas la identidad nacional que tanto se ha perdido, el respeto por los símbolos patrios, por los actos cívicos e incluso el respeto por el centro de enseñanza.

 

En este sentido la ética educativa nos lleva a diagnosticar el perfil actual de los docentes, para encontrar posibles debilidades que después puedan ser transformadas en fortalezas, desde ahí entonces parece necesario primero transformar al docente para que éste se convierta en un agente de cambio dentro de la institución y que de esta forma se pueda también proyectar de forma positiva su labor en la comunidad. Si es posible luchar contra la crisis de la moralidad que vive la sociedad, en sí misma la sociedad no es el mal; Sócrates decía que las virtudes son un saber, y que como todo saber, se pueden enseñar. Aquí la clave de las dimensiones pedagógicas que alcanza la ética como herramienta del cambio.           

 

En síntesis, la ética educativa puede convertirse en la herramienta clave para transformar las costumbres, los valores y la cultura de una sociedad. Pero requiere de varios factores: primero que el docente tenga un compromiso real con lo que se pretenda lograr, y que en este sentido viva, practique y transmita su moral desde la pedagogía, segundo es necesario detectar las áreas frágiles del sistema educativo, para luego abordarlas con una formación integral en valores según sea el contexto, y tercero es indispensable revisar el perfil del docente que se quiere para producir este cambio en la sociedad.

 

Si se compara el contexto educativo moderno con el contexto educativo de hace veinte años, queda en evidencia que hay una pérdida de valores y una falta de compromiso en la sociedad, ¿qué fue lo que pasó en la sociedad costarricense para que se dieran estos cambios?, ¿qué hizo el sistema educativo del país para amortiguar la problemática?, estas quizás sean preguntas que sólo se logren contestar a la luz de la investigación educativa, pero si algo es cierto, es que hoy día no contamos con los mismos educadores de hace veinte años o más, por lo que resulta necesario revisar la preparación ética del profesional de la educación desde las mismas universidades.

 

Todo es una cadena, si la formación del docente está mal, también su práctica pedagógica estará mal, su ética será débil y por ende la formación ética de los estudiantes será frágil. Esto aunado a todos los miedos que hay que combatir, se convierte en una tarea mesiánica y que será muy difícil de realizar si no se cuenta con educadores con vocación. Bien lo plantea el pensamiento socrático, al hombre se le puede educar moralmente y se le puede mejorar, esta formación y progreso se consiguen con una buena enseñanza basada en la dignidad humana y en el mejoramiento de la sociedad.

 

Por tanto, y a la luz de la ética educativa, sólo se podrán enseñar valores y virtudes, cuando los educadores tomen conciencia de su labor en este proceso y entiendan que no es una mera transmisión de teorías, sino más bien una vivencia.

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    Jonathan Barrera (martes, 26 octubre 2010 09:31)

    Gracias Jose ojala y esto sirva a otros para la relfexion y el mejoramiento diario...Saludos